Gracias, Frank

image El segundo mejor entrenador de la historia del Barça si valoramos la calidad de los títulos conquistados se despedirá mañana del Camp Nou. Frank Rijkaard es también uno de los principales culpables de lo que ha sucedido estas dos últimas temporadas en el club y por eso ha sido justamente destituido y su adiós de mañana está mediatizado por este triste final.

Quizás vale la pena reflexionar un minuto sobre si en su despedida sólo va a acertar a ver un estadio lleno de pañuelos y gritos contra su persona, la directiva y los jugadores del Barça.

Es bien cierto que lo único que le queda a la afición soberana del Barça es administrar su ira y su malestar de la manera que mejor le convenga. Pero, pase lo que pase, Rijkaard tendrá un lugar en la historia del club y su despedida debería estar por encima de la amargura del momento. La grandeza de una afición se mide llenando las calles de Barcelona con la Champions en el bolsillo, como sucedió hace ahora dos años, pero también con gestos como los que puede haber el domingo.

Rijkaard no debe seguir. El entrenador holandés ha agotado todo su crédito en el Barça por no haber atado corto a sus jugadores. Este cronista ya se pronunció el pasado 28 de junio en contra de su continuidad en el Barça en un artículo de significativo titulo: "Colección de grandes cromos", que es como entonces ya veía al equipo azulgrana.

Laporta se equivocó al mantener a Rijkaard en septiembre y se volvió a equivocar al no cambiarlo en diciembre tras la derrota contra el Real Madrid en el Camp Nou. Al final, el clamor ha sido tan unánime que no ha tenido más remedio que echarlo. Es un momento especialmente triste para los culés, pero Rijkaard debe pagar por su autocomplacencia y por la mala gestión de una plantilla que se le escapó de las manos.
Pero estaría bien acordarse de los momentos buenos que también ha dado este holandés, siempre en un discreto segundo plano cuando el equipo ganaba, y delante de la manifestación cuando las cosas se ponían mal. Quienes le conocen bien aseguran que es una excelente persona, quizás demasiado buena para dirigir una plantilla con tantos egos como la del Barça.

Que nadie tenga dudas de que en el futuro, la Champions de París pesará más en la mente de la afición que el desastre de estos dos últimos años, de la misma manera que Wembley será siempre más importante que Atenas. Por este motivo, creo que Rijkaard debería tener una despedida digna. A la altura de su persona.

Extraído de La Vanguardia